El dolor es la principal causa de consulta médica. Ya sea crónico o agudo, es un desafío significativo en la vida de muchos pacientes, y la administración adecuada de analgésicos es fundamental para su alivio. El dolor crónico se convierte en una enfermedad “per se”, más que un síntoma. Es la principal causa de ausentismo laboral y discapacidad, y la gestión eficaz del dolor no solo mejora tu calidad de vida, sino que también es un componente crucial de la medicina moderna. En este contexto, el ketorolaco y el tramadol juegan un papel importante como analgésicos en el tratamiento del dolor.
Ketorolaco
Es un analgésico antiinflamatorio no esteroideo (AINE) que se utiliza principalmente por sus potentes propiedades calmantes para aliviar el dolor de moderado a grave, a menudo postoperatorio (debido a su fuerte efecto analgésico), con su tratamiento de corta duración en diversas situaciones clínicas, a causa de sus potenciales efectos adversos (especialmente si se toma en forma inapropiada).
De entre los efectos adversos, pueden incluir: Irritación gastrointestinal
- Úlceras gástricas
- Sangrado y perforación
- Insuficiencia renal
- Retención de líquidos y edema
- Hipertensión arterial y riesgo aumentado de eventos cardiovasculares en pacientes con factores de riesgo.
Debido a estos efectos adversos, el ketorolaco debe utilizarse con precaución y por períodos cortos de tiempo, generalmente no más de 5 días en adultos y con dosis personalizadas de acuerdo con el peso, la edad y las condiciones de salud del paciente. Así mismo, se deben extremar las precauciones en personas con antecedentes de enfermedades gastrointestinales o que hayan estado tomando antiinflamatorios no esteroides.
Para ser un poco más específicos, es contraindicado en casos de hipersensibilidad al ketorolaco, úlcera péptica activa, colitis ulcerativa, sangrado gastrointestinal, hepatitis activa, durante el embarazo, el trabajo de parto y la lactancia. Su contraindicación es relativa en casos de asma, alcoholismo activo, tabaquismo intenso, hemofilia, insuficiencia renal o hepática, insuficiencia cardiaca congestiva e hipertensión.
A diferencia de otros AINE, este fármaco tiene efectos antiinflamatorios y antipiréticos limitados, pero su acción sedante es comparable a la de los opioides, lo que lo convierte en una opción efectiva para el control del dolor sin los efectos secundarios y el riesgo de dependencia asociados con los analgésicos narcóticos.
Tramadol
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Es un analgésico de acción central, sin relación estructural con los opioides, utilizado comúnmente para tratar el dolor postoperatorio. Similar a la morfina, reduce las respuestas motoras y sensoriales del sistema nociceptivo espinal a través de una acción tanto espinal como supraespinal. Sin embargo, su potencia analgésica es 10 veces menor que la de la morfina y es utilizada para aliviar el dolor moderado a levemente intenso.
Se absorbe de manera rápida y completa por vía oral, distribuyéndose ampliamente en el organismo, y su efecto analgésico es evidente en 1 hora, durando cerca de 9 horas.
De entre sus reacciones adversas frecuentes, pueden incluir:
- Somnolencia
- Sedación
- Fatiga
- Cefalea
- Vértigo
- Náusea
- Estreñimiento
Mientras que, entre las poco frecuentes, aparecen: agitación, ansiedad, confusión, inestabilidad emocional, alucinaciones, alteraciones del sueño, temblor, hipertonía y debilidad musculares.
A diferencia de los opioides clásicos, el tramadol tiene efectos discretos sobre el centro respiratorio, pero su uso repetido puede llevar a la tolerancia y dependencia, aunque tenga un potencial de dependencia bajo. Por lo que, entre sus precauciones es importante respetar el horario de dosificación. Además de tener precaución en su uso e iniciar el tratamiento con dosis menores en el caso de los pacientes ancianos. Se debe evitar el consumo de alcohol mientras se está bajo tratamiento con este medicamento, y se debe informar al médico u odontólogo antes de cualquier procedimiento quirúrgico, incluso dental, si se está tomando el fármaco.
Contraindicado en casos de hipersensibilidad al tramadol, a los opioides o a cualquier componente de la formulación, así como durante el embarazo, en dependientes a opioides y en intoxicación aguda con alcohol, hipnóticos y psicotrópicos.
Manejo multimodal del dolor: combinación de Ketorolaco y Tramadol
La coadministración de tramadol y ketorolaco ha demostrado ser una estrategia analgésica equilibrada y efectiva en el manejo de síndromes de dolor agudo como el dolor postoperatorio o traumatismos. Mientras que el ketorolaco controla eficazmente el dolor incidental, el tramadol actúa sobre el componente nociceptivo del dolor. Este enfoque multimodal permite utilizar dosis más bajas de cada fármaco, lo que reduce el riesgo de efectos adversos.
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El estudio titulado “Eficacia y seguridad de la combinación tramadol-ketorolaco en cirugía del abdomen superior” demostró que esta combinación es superior al placebo en el control del dolor postoperatorio. La dosis de tramadol 100 mg combinado con ketorolaco 40 mg proporcionó un mejor control del dolor, estableciéndose como la dosis óptima para este tipo de cirugías. Esta dosificación resultó en una menor intensidad del dolor y una reducción en la percepción de cualidades dolorosas por parte de los pacientes. Además, el uso de dosis más altas de la combinación prolongó la duración de la analgesia, ofreciendo a los pacientes un postoperatorio más cómodo y libre de dolor.
¿Sabías?
Respecto a la intensidad del dolor se encontró que la mayoría de los pacientes con dolor crónico refieren dolor de moderado a grave.
Ante este panorama, el uso cuidadoso y bien monitoreado de ketorolaco y tramadol, considerando todas las contraindicaciones y precauciones, puede ofrecer una solución eficaz y segura para el manejo del dolor. Como con cualquier tratamiento farmacológico, la comprensión y adherencia a las guías de uso son esenciales para maximizar los beneficios y minimizar los riesgos asociados.
Recuerda, la colaboración entre pacientes y profesionales de la salud es crucial para personalizar los tratamientos, asegurando que sean seguros y ajustados a las necesidades específicas de cada individuo. Al entender profundamente los mecanismos, beneficios y riesgos de estos fármacos, podemos avanzar hacia un manejo del dolor más eficiente y compasivo.
Referencias:
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